Estación Invierno



Cuántas primaveras y cuántos veranos juntos. Suspirábamos como duendecillos traviesos. En cada primavera la música se nos pegaba del alma y luego en los veranos nuestra risa despertaba las mañanas. Éramos así como una canción y una guitarra, como la hiedra ama dónde enredarse, éramos dos cuerpos ardientes en las llamas del deseo. Y vivimos muchas primaveras y muchos veranos, el otoño nos dio la mano y nuestras cabezas se platearon. Aún quedaban oportunidades para besarnos y para amarnos, las sonrisas eran plenas y nuestro caminar seguros, nos olvidábamos del mundo y de todo.Y de pronto, sin previo aviso empezaron las lluvias silenciosas, el cruel invierno llegó arrasando con todo, ya los duendecillos traviesos se fueron a vivir el hastío; nuestras hojas las arrastró el torrente hasta un lugar incierto, ruidos de tormenta callaron nuestra música. La miel de nuestros besos el frío los azucaró, el invierno se impuso: no hay primaveras, ni veranos, solo dos otoños tristes, nuestras risas se esfumaron y ahora sólo las espinas besan mi alma y el invierno no cesa…Febrero, 2008
Ethel Saavedra Garcia

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