A mi padre


Mis calles están vacías… ya no caminas junto a mí. Tus pasos cansados los siento en mi interior; tus manos con piel de pecas empiezan a parecerse a las mías. La bondad de tu corazón te hizo inmenso. Cuántas veces callado y taciturno pensabas en mi madre, aquella que en pocas horas partió sin despedirse, acabando con nuestra tranquilidad. Te recuerdo abrumado por la pena, todavía percibo tus ojitos grises y cansados. Ya tu amada, nuestra madre no estaba. Guardaste por varios años en tu pecho las lágrimas por la ausencia de ella. Siempre fuiste mi amparo en tiempos tristes y en noches oscuras. Mi héroe que marcó todos mis surcos. Con tu caminar cansado te fuiste a dormir tranquilo, hoy el silencio dice que por mis venas, persiste tu esencia. Gracias padre mío por lo que fuiste, gracias por lo que me diste. Gracias a la vida por bautizarte ¡Papá!
Etelsaga, junio 2008
Ethel Saavedra Garcia

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